6 formas de detectar una raíz amarga

Blog Solteras

Creo con todo mi corazón que una mujer emocionalmente sana es aquella que se esfuerza en vivir cada día Gálatas 5.22-23: “En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio...”. A veces resulta tan difícil que estos preciosos dones sean virtudes que nos caractericen; sin embargo, es posible poco a poco desarrollarlos cuando estamos muy cerca de Dios en una íntima relación con Él.

 

Cuando nos desenfocamos y permitimos que las circunstancias adversas y dolorosas de la vida, incluyendo problemas en la iglesia, el trabajo o la familia nos arrastren, regresando a nuestra antigua naturaleza es muy fácil sentir enojo, ira, falta de perdón, desesperanza, resentimiento, infelicidad. Sentimientos negativos que se transforman en pecado y que se pueden resumir en una palabra: amargura. Por ello, nuestro mejor médico (Dios) advierte:

 

Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenenen a muchos” Hebreos 12:15.

 

Hoy querida hermana soltera, quiero expresarte que en mi corazón es muy fácil sentir amargura, de hecho han existido tiempos en mi cristianismo en donde me he reconocido como una mujer muy amargada. Pero también, agradezco la infinita misericordia de Dios y su desbordante gracia al no dejarme, al permitirme reconocer mi pecado y poder cambiarlo. Quizás tú también en algún momento te has sentido así.

 

Te comparto algunas formas de detectar raíces amargas.

 

  1. Si te cuesta trabajo pasar por alto la ofensa, perdonar, esto se acumula en resentimiento, rencor, enojo. Nos aferramos al dolor, a la herida, recordamos detalles de cómo nos ofendieron, quién, cómo y cuál... El corazón se vuelve duro y dejamos de ver la gracia de Dios y de tratar con gracia a los demás. “Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” Efesios 4:31-32. El ser prontos para perdonar es el mejor antídoto para sanar emocional y espiritualmente. El alivio pronto se siente en el alma y en el corazón. Y lo más importante: nuestro Padre Celestial se deleita con estos actos de amor hacia los otros.

 

  1. Si te enojas de manera constante y aún tu enojo perdura por mucho tiempo, cuando esto sucede se buscan muchas excusas para justificar el enojo y permanecer así; por mucho tiempo enojada. Es un síntoma de amargura. Si se enojan, no pequen, que el enojo no les dure todo el dí No le den la oportunidad al diablo” Efesios 4:25-27. Es necesario recordar una vez más que uno de los frutos que produce el Espíritu es la alegría. Como hijas de Dios tenemos la maravillosa oportunidad cada día de pedirle gozo en el corazón y desde luego vivirlo.

 

  1. Si te sientes infeliz, con inseguridad e insatisfacción en la vida, incluso con incredulidad de lo especial que eres para Dios y de todo lo que te ha dado, entonces quizás comienzas a albergar amargura en el corazón. Querida hermana, es un hecho que si tu felicidad no proviene de una relación profunda con nuestro creador, nada ni nadie en este mundo podrá brindarla. Lo cierto es que el enemigo siempre está al acecho de robar nuestro gozo para separarnos de Dios. Que no haya entre ustedes ni hombre ni mujer, ni familia, ni tribu, que abandone hoy al Señor nuestro Dios... Que ninguno de ustedes sea como una planta de raíz amarga y venenosa” Deuteronomio 29:18. Al alejarnos de Dios, pecados como la amargura comienzan a cultivarse, a convertirse en una condición espiritual y quizás hasta es un estilo de vida.

 

  1. Si te quejas constantemente por todo y de todos, si hay murmuraciones y críticas entonces nuestros ojos no son espirituales y compasivos, sino humanos. No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes. ¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo?” Mateo 7: 1-3. Una mujer quejosa muestra su falta de contentamiento, porque podemos agradecer, bendecir y construir en lugar de destruir con nuestras palabras y acciones.

 

  1. Si has dejado de ser agradecida. Incluso nuestras oraciones pueden radicar en sólo pedir, en ser monótonas, aburridas, en ser víctimas y no reconocer que podemos ser victimarias. La gratitud es muestra de estar felices con lo que se tiene, es sinónimo de paz, de tranquilidad, de un amor profundo con Dios que no demanda ni requiere de algo más Estén siempre contentos. Oren en todo momento. Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús” 1 Tesalonicenses 5: 16-18. La gratitud y el contentamiento van de la mano.

 

  1. Si has dejado de creer que Dios tiene los mejores planes para tu vida, si hay desesperanza aunada a la falta de perdón, ira, enojo, inseguridad, en síntesis comienza a existir amargura en el corazón. No hagan que se entristezca el Espíritu Santo de Dios, con el que ustedes han sido sellados para distinguirlos como propiedad de Dios...” Efesios 4:30. Cuando la esperanza en nuestro maravilloso padre se mantiene viva pese a las circunstancias adversas, se cree con fe en sus promesas que son dignas de confianza.

 

Para reflexionar:

 

Dios conoce nuestros corazones. Qué reconfortante es saber que con Él podemos dejarle todo lo que nos agobia en el alma a través de la oración. Me anima mucho la escritura de Isaías 30:15 que dice: En la tranquilidad y la confianza estará tu fuerza” Si el gran médico dice que hay que quitar la amargura es porque sabe que con su ayuda podemos ser restauradas en fe, en amor y en todo lo que dice Gálatas 5:22. Es importante hablar del pecado de la amargura cuando detectemos las raíces, ser prontas en buscar la ayuda, pedirles a otras mujeres que oren por nosotras y desde luego memorizar escrituras y hacerlas parte de nuestro corazón.

 

Con amor en Cristo,

Irma Martínez.